Codigo DE Estandares EticOs Para Ministros de La Iglesia
Diócesis de San Diego
Preámbulo
Este Código Estándares Éticos está basado en el hecho de que los ministros de la Iglesia sostienen los valores y conducta promovida por los Evangelios y enseñados por la Iglesia. No presume proveer respuestas a todas las preguntas éticas que enfrentan a los ministros de la Iglesia ni intenta sustituir las leyes canónicas y civiles. Mas bien el propósito es de establecer un conjunto de estándares éticos en general para los ministros de la Iglesia. Estos estándares ayudaran a delinear los limites del comportamiento apropiado en el ministerio.
El termino “ministro de la Iglesia” se usa para indicar a todos los que representan a la Iglesia en virtud de oficina o puesto designado. Este Código se usará en la formación para su ministerio y en asegurar que ellos viven dentro los estándares éticos que establecen.
La responsabilidad de adherencia este Código de Estándares Éticos pertenece los mismos ministros de la Iglesia. La violaciones serán enfrentadas por las autoridades apropiadas con resultados que llegarán, si es necesario, hasta la exclusión del ministerio.
La conducta del ministro de la Iglesia, pública y privada, tiene la posibilidad de inspirar y motivar al pueblo, o de escandalizarlo y debilitar su fe. Los ministros de la Iglesia siempre deben de tener eso en cuenta.
Principios Generales
Cinco principios claves son la base de la postura ética de este Código: el compromiso eclesiástico, la integridad, el respeto a los demás, el bienestar personal y la competencia ministerial.
Los ministros de la Iglesia deben conocer a Cristo y procurar dar a conocerlo. Deben familiarizarse con las escrituras y poder aplicarlas a situaciones cotidianas. Los ministros de la Iglesia deben tener un compromiso profundo a la Iglesia evidente por la adherencia a las enseñanzas de la Iglesia, lealtad a la tradición, atención a las necesidades presentes, y una buena disposición para aceptar retos en el futuro. Este compromiso va mas allá de las fronteras de las comunidades de fe en las parroquias para incluir la Iglesia, diocesana y universal.
Se espera que los ministros de la Iglesia sean personas de integridad, que se comportan de manera abierta, franca y honesta. Esto requiere que estén atentos en su ministerio y sean personas honradas en sus vidas personales.
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