Diócesis de San Diego
Oficina para la Liturgia y Espiritualidad
GUIAS PARA LECTORES
Estas guías son para ayudar a los lectores a proclamar la palabra de Dios en una forma espiritual y para que impacte, ofreciendo algunos principios básicos requeridos por la misma naturaleza de la liturgia. No se pretende de ninguna manera imponer una uniformidad absoluta en la práctica.
PROCLAMACION
DE LA PALABRA
La proclamación de la palabra de Dios es verdaderamente un servicio a la Iglesia. Los lectores presentan la palabra viva de Dios a la asamblea de la comunidad de fe que se reúne. Cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras es Dios mismo quien habla a su pueblo...1 Por esa razón el ministerio de la palabra, debe de ser tratada con gran dignidad.
Dentro de la liturgia, la palabra de Dios
no es solamente para leerla, sino para proclamarla. Una proclamación bien hecha incluye la entrega del mensaje en una
manera clara, convincente y a paso apropiado.
También exige la habilidad de suscitar la fe en los demás, demostrando
la fe personal. Siendo un ministerio en
lo cual la fe del ministro está presupuesta, este ministerio deberá de aumentar
la fe en aquellos que escuchan la palabra que se proclama.
Lo ideal es que la asamblea escuche la proclamación de las escrituras en vez de seguir las lecturas por medio de un misal. Cuando la asamblea escucha en comunidad, los fieles no solamente experimentan la unidad entre sí, sino también la misma presencia de Cristo, quien les habla en su palabra.
REQUISITOS
Para
que los fieles lleguen a adquirir una estima viva de la Sagrada Escritura por
la audición de las lecturas divinas, es necesario que los lectores que
desempeñen este ministerio…sean de veras aptos y estén cuidadosamente
preparados.2 El ministerio de la palabra requiere un entendimiento de las escrituras,
conocimiento de los principios de la liturgia, y habilidad para leer en
público.
Los lectores deben ser Católicos
prácticos, completamente iniciados en la Iglesia y sus vidas deben de ser un
verdadero testimonio de la palabra que proclaman.
Una vez que los lectores hayan sido
preparados para ejercitar su ministerio, es muy recomendable que sean
instituidos en su ministerio públicamente con una bendición, preferiblemente
durante la Misa dominical. Esto se hace
por medio de la ceremonia de “Bendición de Lectores” que se encuentran en el Libro de Bendiciones (La edición de los
Estados Unidos estará disponible próximamente).
Durante las liturgias de bodas o
funerales se permite a miembros de la familia o a amigos leer, aunque no hayan
sido formalmente entrenados e instalados como lectores. La parroquia es la encargada de
proveer un lector con experiencia para
que los guíe e instruya.
En situaciones especiales y por razones
pastorales, por ejemplo en liturgias de la escuela parroquial o liturgias de
educación religiosa, se puede permitir proclamar la palabra a un joven o una
jovencita que no esté totalmente iniciada en fe, pero debe de preparársele
apropiadamente.
PREPARACION
La preparación general para el ministerio
de lector incluye dimensiones espirituales, bíblicas y prácticas. La preparación espiritual incluye oración
acerca del texto y reflexión del contenido de su mensaje; esto puede hacerse
solo o en grupo. La preparación bíblica
incluye el entendi-miento y la interpretación del texto en forma suficiente
para que despierte una respuesta de parte de la asamblea. Esta preparación incluye la lectura del
pasaje en su contexto, así como también la búsqueda de ayuda por medio de
comentarios bíblicos y otros materiales.
Preparación práctica incluye la pronunciación correcta de palabras
dificultosas, el aprendizaje de la pronunciación correcta y la practica de la
lectura del texto en voz alta, si es posible haciéndolo en presencia de alguien
que sea capaz de corregir los defectos de la lectura.
La preparación inmediata también es de
esperarse. Esto incluye el llegar con
bastante tiempo antes de la liturgia, localizar las lecturas en el Leccionario y revisar el sistema de
sonido.
LENGUAJE
INCLUSIVO
La revisión de los textos litúrgicos en
curso, tratan el asunto del lenguaje con mucho cuidado. El lector no puede tomarse la libertad de
cambiar los textos de la liturgia ya aprobados.
MINISTROS
DE LA PALABRA
De acuerdo a una antigua tradición y enseñanza
de la Iglesia, todas las lecturas, excepto el evangelio están proclamadas por
laicos. De preferencia sería bueno
tener un lector diferente para cada lectura.
Es inapropiado que varias personas se dividan una sola lectura, excepto
cuando se lee la Pasión del Señor.
Ordinariamente, la proclamación del
evangelio lo hace el diácono. En
ausencia de un diácono entonces lo hace el sacerdote celebrante. En las misas concelebradas en ausencia de un
diácono, uno de los concelebrantes hace la proclamación del evangelio, en lugar
del celebrante principal.
SIMBOLOS
EN LA LITURGIA
DE
LA PALABRA
Para asegurar la efectividad pastoral de
la liturgia de la palabra, es importante que sé de atención a los símbolos de
la liturgia. Los símbolos que forman
parte integral de cualquier celebración de la palabra son: El lector(es), el
libro(s), el ambón, y las procesiones.
El lector sirve como uno de los fieles
que asiste a la asamblea y tiene que participar en toda la liturgia. Es impropio que el lector solamente participe
activamente en la liturgia de la palabra.
Los libros que contienen la palabra deben
de ser dignos y bien seguros, estos son el
Leccionario y el Evangeliario.
Las lecturas siempre se proclaman de libros litúrgicos que son los
libros oficiales. Por ultimo, estos
libros...por la dignidad que exige la palabra de Dios, no deben ser sustituidos
por otros subsidios de orden pastoral, por ejemplo, por las hojitas que se
hacen para que los fieles preparen las lecturas o las mediten personalmente.3
La proclamación de la palabra se hace
desde el ambón. Debe estar en un lugar elevado, fijo, de diseño apropiado, y
con la debida nobleza que refleje la dignidad de la palabra de Dios.4
Velas y otras decoraciones pueden colocarse alrededor. El ambón se reserva para las lecturas, el
salmo responsorial y el pregón pascual (Exultet). Puede también usarse para la
homilía y la oración de los fieles.5
Es mejor usar un pequeño atril para el
cantor y los anuncios.
Las procesiones son acciones litúrgicas
muy importantes. Los lectores pueden
participar en la procesión de entrada.
El diácono ( o el lector en la ausencia del diácono) deberá de llevar
solemnemente el Evangeliario el cual
siempre se coloca en el altar. El
Leccionario de la Misa nunca es llevado en la procesión6
y debe de colocarse de antemano en el ambón.
La procesión del evangelio es un ritual
importante en la liturgia de la palabra, aunque algunas veces no se exprese
plenamente en cada liturgia. Después de
la segunda lectura y una corta pausa que le sigue, cuando el diácono, o el
sacerdote cuando no hay un diácono, lleva el Evangeliario en procesión, desde el altar hasta el ambón. En la procesión lo pueden acompañar
monaguillos con el incensario y cuando sea apropiado con cirios. Cuando se usa el incienso, el Evangeliario es incensado después del
diálogo introductorio y antes de ser proclamado el evangelio. El Evangeliario no es llevado en la
procesión de salida.7
La salmodia esta diseñada para cantarse;
cuando solamente se recita pierde mucho de su poder. Debido a que el salmo
responsorial de la Misa es parte de la liturgia de la palabra, es propio que el
salmista o cantor lo cante desde el ambón, aunque también lo puede hacer desde
otro lugar apropiado.8
En la aclamación del evangelio el pueblo
expresa con alegría su encuentro con el Señor. La aclamación también expresa su
fe en forma de canto. Si la aclamación
del evangelio no se canta, debe de omitirse.9
El ministerio de música pertenece a los
músicos. No es función de los lectores
ser cantores del salmo responsorial y la aclamación del evangelio. Se aconseja a los lectores que antes de la
Misa se informen con los músicos acerca de lo que se va a cantar.
SILENCIO
Para que la asamblea pueda meditar y
reflexionar en la palabra proclamada, estos son los tiempos apropiados para el
silencio: después de la primera y segunda lectura, y después de la homilía.10
Se recomienda ofrecer una catequesis con respeto al silencio.
ALGUNAS SUGERENCIAS PRACTICAS
Los lectores no deberán añadir nada a las
introducciones a las lecturas que aparecen en el Leccionario, tampoco deberán añadir al texto ninguna de sus propias
palabras.
La introducción a alguna lectura, por
ejemplo: “Lectura del Libro del Exodo” y el final de la lectura “Palabra de
Dios,” debe distinguirse del texto de la lectura por medio de una breve
pausa.
Si el salmo responsorial se recita, los
lectores deben de comenzarlo con la antífona y siempre repetir la antífona con
la asamblea después de la recitación inicial y después de cada verso. No es necesario anunciar “La respuesta es o
el salmo responsorial es…”
Los lectores proclaman la palabra del Leccionario que está en el ambón o
mientras lo sostienen en sus manos.
Nunca deberán de levantar en alto el Leccionario
mientras dicen “Palabra de Dios.”
Los lectores nunca deben hacer algo para
llamar la atención hacia ellos. El vestuario debe ser apropiado pero modesto,
para demostrar el carácter de dignidad del ministerio.
DONDE
SENTARSE
Los lectores deben de sentarse ya sea en
el santuario con los otros ministros o entre la asamblea en un lugar de fácil
acceso al ambón. Cuando le llegue su
turno para proclamar la palabra, el lector debe acercarse al ambón caminando
despacio, con dignidad y reverencia. Si
pasa frente del altar tiene que hacer reverencia. Todos los movimientos deben de hacerse con armonía y nunca a la
carrera.
Cuando hay dos lectores uno está sentado
mientras el otro lee. Los lectores
permane-cen sentados si el salmo responsorial es cantado o recitado por otro.
Por la dignidad que merece la palabra de
Dios proclamada, se aconseja a los ministros de hospitalidad a que durante la
proclamación de las escrituras y la homilía se abstengan de sentar personas que
lleguen tarde.