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A la Comunidad Católica de San Diego

Las terroríficas historias provenientes de Pensilvania esta semana sobre el abuso a menores por parte de sacerdotes son nauseabundas. Estos son actos que roban el alma y violan el cuerpo de inocentes de la manera más brutal imaginable. Su mal se ve agravado por la complicidad del liderazgo de la Iglesia, que magnificó el abuso en muchos casos al colocar el miedo al escándalo y una cultura clerical por encima de la necesidad fundamental de proteger a los menores a toda costa.

No importa si los eventos ocurrieron en Pensilvania y no en California, solo importa que alrededor de 1,000 niños - tal vez más- fueron violados, abusados y brutalizados por miembros del clero, y nosotros como sacerdotes y obispos no hicimos suficiente para detenerlo.

Este es un momento profundo en la vida de la Iglesia.

Adjunto encontrarán una carta que envié a cada sacerdote, diácono y miembros de la diócesis. Lo comparto con ustedes porque es crítico y porque deben saber que cada palabra que escuchan está siendo respaldada con acciones.

Obispo Robert McElroy

Haga clic aquí para leer la carta.

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